Ir al contenido principal

De a poco, por favor, que me asusto

Si me dijeran "pide un deseo" preferiría que no me dijeras lo mucho que me quieres y lo importante que soy en tu vida. Que te callaras tus verdades porque me avergüenzan. Este remedo de posesa no merece tus cuidados, atenciones ni tiempo.Te lo digo con amor y ya sé que las personas con rasgos narcisistas solemos despreciar el cariño o los afectos, que consideramos superior o inferior nuestros sentires a los de la humanidad. Pero con todo, te pido que no me lo digas: me rompes las barreras al hacerlo. Me deshago y necesito abrazos.
No me recuerdes, por favor, que es importante mi presencia en tu vida porque cuando tenga las dosis necesarias para terminarme las recordaré y no voy a poder conjurar el final. Lo sé, de hecho. Sus caras, caricias, abrazos, aplausos, sus "prohibido morirte" (que son regaños de amor) se me cruzan y me nublan del objetivo. Entonces el final ya no se ve tan cerca y termino por tirar a la taza de baño la pócima perfecta.

No me digas que soy sensible ni tierna. No me malinterpretes, no es que me quiera hacer la dura, ni que no te crea ni media palabra. Sólo te pido paciencia y que me dosifiques tu atención. Ya muchas veces quienes más me quieren me latigan con sus palabras impías porque saben que quien por su gusto muere hasta la coyunta lame.

¿Has vivido con una gata? Algunas, algunos, de ellas se te avientan sin miramiento a atacar; otras llegan a exigirte caricias; algunas, pocas, se restriegan en tu pantalón a modo de saludo y se alejan. Pero otras, algunas, necesitamos que nos veas a los ojos cuando llegas, que finjas que no estamos ahí para que nos dejes descubrirte, oler tus intenciones, y después nos acercaremos con toda tranquilidad, con las uñas guardadas, dispuestas a vivir eternamente contigo.

Sí, ese modo es un error, claro que lo es, la gata está a tu merced. Pero ¿qué pasa si la lastimas? lo que va a pasar es que va a brincar a esconderse. Tal vez no la veas en días, tal vez no haga ni ruido. Hasta que llegue alguien más, entonces el proceso reiniciará: el sigilo, el temor, el descubrimiento. Y tal vez esto ocurra algunas veces. Eventualmente, la gata dejará de acercarse a las personas humanas porque cuando se acercó por cariño fue herida.

Un poco así te invito a verme. Dame de a poco la certeza de que te importo, no me la regales con efusión, ya tengo miedo a que me digas algo de lo que te puedes arrepentir. Tal vez estás haciéndote una idea de mi errada, también tengo uñas y también araño, también gruño y muerdo. Tal vez no soy ni remotamente la bondad que puedes ver en mi. Eso ya me lo enseñó el camino.

Propongo que empecemos por inclinarnos en la orilla de la alberca. Que hagamos lo nunca antes conocido. Que en lugar de brincar al vacío sin certeza confiemos, pero verifiquemos

Me planteo, yo también practicar escuchar tus palabras amorosas y, en medio del aislamiento, abrazarme por ti. Hasta que el bicho mortal nos permita encontrarnos.

Este modo, este nuevo modo, se me presenta en el momento más fértil. En el que los intentos, los proyectos, las ideas se pueden desarrollar y deshacer si no resultan. El ensayo y error no tuvo mejor espacio para existir que ahora. Yo bajaré el escudo, porque la armadura ya se me quitó. Tu, ayúdame a decirme, de a poco, pero constante que mi aliento le falta al viento. Si puedes y quieres, claro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El arte, los monstruos, las ciudades

Vi la última de Allen. La verdad no sé qué siento aún por él, por su arte. No sé si algún día podamos resolver el dilema, que hasta me parece falso, sobre si es debido (o no) separar al artista de su arte. ¿Cuándo el producto de la creación humana deja de ser de la persona y se vuelve el objeto de observación, de culto y de admiración? ¿Pasa? ¿Eso pasa?

Dos batallas, una guerra

Los flancos, definidos, bien apostados en el frente.  Los territorios, ocupados por la fuerza, se levantan en armas:  digan lo que digan las mujeres estamos en guerra. Hace muchos meses un grupo de mujeres en política empezó la revuelta. Ellas construyeron su ejército y denunciaron, con sus palabras, a hombres poderosos que las habían agredido. Hombres de partido. La lucha pareció infructuosa. Una plaga que asola el mundo les quitó de la atención. La organización continuó porque otra pandemia asomó las manos en el encierro: las batallas diarias que se acentuaron en las paredes de la intimidad. Entonces vino el revés. La traición y la fracción. El avance que se logró, para quitar la ocupación de los territorios/cuerpo, ensombreció en pocas semanas. Designaron a un violador (Félix Salgado Macedonio) como candidato para gobernar un estado de riqueza: Guerrero. La otra batalla. Por años me construí una muralla. En menos tiempo empecé a derribarla y los insumos que la alimentaban e...

Relatividad

La relatividad es un tema recurrente en mis cavilaciones cotidianas y uno que detesto como explicación, pero es, literalmente, la realidad. Hoy, precisamente, valoraba lo rápido que me ha parecido que pasaron diez años. Si bien yo nunca antes de este momento había aspirado a vivir más de 30 años -y ya 50 o 60 me parecían exageraciones innecesarias- es más, yo si pretendía ser del “club de los 27”, no reparé mucho en que el tiempo que me había autodelimitado era extremadamente breve. En los últimos diez años he transitado veredas y llanos de emociones que algunas personas viven a lo largo de todas sus existencias. En este lapso pasé de empezar a planear viajes y desear conocer más el mundo, a sentir un profundo vacío frente lo que me gustaría hacer un martes por la tarde cualquiera. De pronto, en 10 años, se me hizo tarde para terminar la escuela; para abrazar a mi papá, a mi abue Lulú, a mi abuelito Tolín, mi abuelita Cris, mi abue Cire; para aprender a amar más a Camila; para jugar má...